jueves, 20 de septiembre de 2007

Las 3 preguntas

A mi educaron a decir siempre por favor y gracias, además de otras frases corteses. Y en todos aquellos lugares en los que he estado lo primero que he intentado aprender es a decir esas frases en el idioma del lugar tan sólo esperando que el otro entiendese mi buena predisposición e interés, por mucho que me pareciese que la boca se me llenaba de sonidos sin sentido.

Sin embargo ya se sabe que no hay verdades universales (y ni siquiera esto es verdad) pues los libros de idiomas no incluyen las fórmulas camboyanas. El orden de aprendizaje suele empezar por un hola, un por favor, un gracias, un adiós y un me llamo tal. Luego puedes continuar con un qué tal y un, como mucho, ha sido un placer pero estoy convencido de que a la señorita Rottenmeyer de turno no le pides que te enseñe, así de sopetón, expresiones como "vengo de hacer la compra en el mercado", "tengo que ir al banco" o "aunque te parezca increíble y a pesar de ser las 10 de la mañana aún no he desayunado".

Estas extrañas frases no son más que simples respuestas a las tres preguntas más famosas y recurrentes que saldrán de la boca de un camboyano como fórmula de cortesía. A saber:

- ¿Moc pi ná?
- ¿Tao ná?
- ¿Ñambai jaui?

No, el camboyano no se escribe así ¡Ojalá! Aquí tienes una transcripción fonética, de las que llenan mi libreta de apuntes, para saber, ménos que más, como se pronuncian. La traducción es un simple: ¿De dónde vienes?¿A dónde vas?¿Has comido ya?

Es práctica común que las tres preguntas se hagan una a continuación de la otra cuando apenas has tenido tiempo de articular, con gran esfuerzo mental, la respuesta para la primera. Como alternativa (agradecido por tu fatigado cerebro) pueden preguntarte sólo una de las dos primeras según si te vas o vienes y ven que por tus veloces andares no tienen tiempo para más.

Tú llegas a casa y tras tu chom-rip-sú (hola, para que nos entendamos) te sueltan un moc-pi-ná. Piensas que qué majo el chaval que quiere entablar convesación contigo, orgulloso como estás de responder en su lengua, y no lo piensas antes por que la cabeza no te da para tanto con esto del jemer; una cosa u otra. Y sin más dispara la segunda: "¿Tao ná?" ¡Eh! ¿Para qué quiere saber a dónde voy? Pero si al final del pasillo sólo está mi habitación, razonas para ti mismo. Y vuelves a contestar (espera que piense un ratito, le haces entender con la mano, que no me acuerdo de cómo se dice habitación). Entonces, cuando piensas que ya está, te da la puntilla como a un toro agonizante: ¿Ñambai jaui? "Espera (de nuevo), déjame que piense" parece decir tu sorprendida cara porque te ha parecido entenderlo, es más, estás casi seguro de haberlo entendido pero dudas de tu capacidad de comprensión porque no es posible (o al menos no lo es para ti) que te esté preguntando si a las 10 de la mañana has comido ya tu plato de arroz con pescado. Y al ir a contestar te das cuenta de que él ya está, impaciente, a punto de enfilar el camino de los fogones para servirse casi sin esperar a tu respuesta.

Así funciona la cortesía camboyana. En realidad, a excepción de lo que digas sobre la comida, lo demás carece de importancia. Yo, al principio, intentaba estrujarme el cerebro para dar respuestas correctas, verdaderas y variadas hasta que caí en la cuenta de que todos los días puedes decir que vienes de correr 30 kilómetros bajo un sol asfixiante o que vas a ello y lo único que harán es sonreirte sorprendidos por tu afición a cansarte y seguirán comiendo sus mangos verdes con sal picante. Y en cuanto al ñambai lo cierto es que al final siempre acabas diciendo lo mismo: Ot clien, que viene a ser un no tengo hambre. Lo dices a pesar de que el estómago esté consntantemente rugiendo como un león y a punto de colapasarse acostumbrado como estás a que te ofrezcan las cosas más raras y (muchas veces) asquerosas que has probado nunca. Sí, lo dices a menos que veas delante tuyo que es lo que te pueden ofrecer (y digo pueden y no van ya que tal vez te ofrecen algo que sale de algún lugar escondido) Porque ¿de verdad te apetece comerte un plato de arroz con pescado fermentado rehogado en aceite de palma y ajo?.
Pero por si dices que sí: ¨¡Ñambai chingan y chum rip lía!
(O sea, ¡Qué aproveche y adiós!)



P.D.: Si algún día vas por Camboya no hagas mucho caso a mis traducciones fonéticas. Tras seis meses aquí sólo me entienden los del centro en el que vivo; como un padre entiende perfectamente a su hijo que balbucea y los demás sólo entendemos eso, balbuceos.